Ingredientes:
- Una cola grande de bacalao fresco sin espina abierta en dos (1, 5 kg. aproximadamente)
- 1 kg. de sal gorda ahumada
- aceite de oliva virgen extra
- 1 guindilla
- 4 ajos grandes
Preparación:
Necesitaremos una bandeja en la que los lomos quepan a lo ancho y a lo
largo, ponemos una capa fina de sal en la bandeja, colocamos los lomos
con la piel abajo y de forma que la parte de la cola de una coincida con
la parte de las agallas de otra, de ésta manera aprovecharemos mejor el
espacio, y cubrimos con el resto de la sal, tapamos con film plástico
para que no salga el fuerte olor a ahumado y metemos la bandeja en el
frigorífico durante 24 horas.
Una vez que ha pasado este tiempo, sacamos el bacalao de la sal, lo lavamos bien y lo secamos con papel de cocina.
Retiramos la piel haciendo un corte en el final de la cola o en un extremo de la parte de las agallas, tirando con los dedos y ayudándonos si es necesario con un cuchillo muy afilado, y con los dedos vamos localizando las espinas de las agallas y las retiramos con unas pinzas.
Una vez que ha pasado este tiempo, sacamos el bacalao de la sal, lo lavamos bien y lo secamos con papel de cocina.
Retiramos la piel haciendo un corte en el final de la cola o en un extremo de la parte de las agallas, tirando con los dedos y ayudándonos si es necesario con un cuchillo muy afilado, y con los dedos vamos localizando las espinas de las agallas y las retiramos con unas pinzas.
Una vez que tenemos el bacalao totalmente limpio, lo partimos en dos por el sitio por dónde iba la raspa, lo apoyamos en una madera de corte y con un cuchillo muy afilado hacemos lonchas lo más grandes y finas que podamos, empezando a cortar desde la cola hacia arriba, reservamos las lonchas grandes y vamos recogiendo los recortes.
Una vez que tenemos todo el bacalao cortado, recogemos todos los trozos pequeños, los hacemos bien finos y los introducimos en un cuenco con un buen aceite de oliva, unos ajos y una guindilla.